Foto tomada de https://www.poderypolitica.com.ar/alerta-amarilla-en-los-hospitales-portenos-por-la-masiva-despedida-a-maradona/
César Guzmán Tovar
He pensado el asunto profundamente durante los últimos días. Mis amistedes cercanas y lejanas –así como muchos contactos de mis redes sociales– no se han guardado elogios, apologías y lamentos hacia Diego Armando Maradona desde su muerte. Yo, desde el lado oscuro de las conmemoraciones, he optado por mantenerme al margen de las rememoraciones heroicas hacia exfutbolista y he estado pensando en las antinomias de su vida, de su obra. Disfruto el fútbol, sufro el fútbol, defiendo el fútbol; pero eso no me impide ser reflexivo con lo que me molesta del fútbol.
En enero de 2018 el diario El País publicó un excelente artículo de Claire Dederer titulado "¿Qué hacer con el arte de hombres monstruosos?". Allí la escritora estadounidense reflexiona sobre la apreciación de la obra de artistas elogiados con graves hechos de acoso o violencia de género (Roman Polansky, Woody Allen, Sid Vicious, Richard Wagner, Bill Cosby y un amplio etcétera). El epicentro de la reflexión se centra en si es necesario (y posible) separar la biografía del artista de su obra. "¿Puedo yo amar el arte pero odiar al artista? ¿Puede usted?", se pregunta acertadamente Dederer.
Amo el fútbol poético de Maradona. No olvido aquella obra de arte en la que dejó tras de sí a uno, dos, tres –"¡Qué jugadota!"–, cuatro, cinco –"¡¿Cómo es posible?!"– seis ingleses –"¡Gooooool!"– en el Mundial México 86, el primero del cual tengo memoria. Genio. Pero tampoco puedo sacarme de la cabeza las denuncias y los videos en donde el genio es, ahora, un hombre monstruoso que golpea y maltrata. ¿Qué hacer, entonces, con Diego?
¿Puedo separar los videos del artista creando el gol del siglo y del hombre maltratando? ¿Puede usted? Seguramente muchas personas ni se lo han preguntado. Nuestra subjetividad se construye a partir de creencias y deseos (Tarde, 2006), y desde allí desplegamos las valoraciones de lo que nos afecta. Por eso la pregunta tendrá mayor o menor importancia de acuerdo con esa dimensión axiológica. Para muchas personas la pregunta no tiene ningún sentido: "Ustedes también son misóginos pero nunca han ganado un Mundial", dicen. Para otras la pregunta es, cuando menos, inquietante.
El caso de Maradona, junto con los otros casos mencionados por Dederer, me hace recordar que la multiplicidad configura nuestra vida en sociedad (de nuevo, Tarde). Y entonces es más fácil comprender y aceptar que las personas apasionadas por el fútbol aman a Maradona así como las apasionadas por el cine aman a Allen y las apasionadas por el punk aman a Vicious. Estos ídolos humanos –demasiado humanos– hacen parte de la cultura contemporánea y pretender destruirlos es pretender destruir la sociedad misma.
Pero los ídolos no son universales, de lo contrario no habría diferencia y todos adoraríamos lo mismo. La multiplicidad de ídolos en nuestra cotidianidad es característica de nuestra contemporaneidad. La creencia en los héroes se basa en el perdón de sus atrocidades. En ese sentido, Sid Vicious y Diomedes Díaz son genios musicales (uno del punk, el otro del vallenato) a los que sus seguidores les perdonan sus atrocidades. "¿Qué importa si nos hace felices? Nadie es perfecto". Seguramente los seguidores de Sid detestan a Diomedes, y viceversa; pero ambos son ídolos y eso se debe respetar. ¿Sí?, ¿se debe respetar cualquier ídolo construido sin importar que haya asesinato de por medio? Estamos ante un dilema difícil de sortear.
Esto nos lleva a plantear que hay feminicidas que aceptamos socialmente y otros que no. Igual, hubo nazis que se aceptaron y otros que se odiaron (recuérdese el caso de Wernher von Braun, primer director de la NASA que había desarrollado cohetes para el ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial). Entonces muchos monstruos son redimidos por sus genialidades. "¿Y qué importa la vida privada de Maradona si de lo que estamos hablando es de su genialidad futbolística?", he leído con frecuencia en los últimos días.
Pongámonos de acuerdo. No hay –no debe haber– una moral superior que imponga héroes a los cuales idolatrar y villanos a los cuales vilipendiar. La moral y la estética no son universales. Los héroes responden a diferentes colectivos y sólo ante ellos es posible comprenderlos. "¿Cómo van a juzgar ustedes a Maradona si ni siquiera saben patear un balón?". De acuerdo, la multiplicidad inherente a la sociedad nos lleva a la multiplicidad de héroes y devotos. De acuerdo, hay un tipo de hipocresía moral que se rasga las vestiduras ante Sid Vicious pero es indiferente (y canta) con Diomedes Díaz. De acuerdo, todos somos machistas y por eso nuestros juicios sobre Maradona no son legítimos.
Hasta cierto punto, me parece.
La funcionalidad del héroe futbolístico (Vergara y Valenzuela, 2014) no debería cegarnos sobre las afrentas cometidas. No se trata de juzgamientos morales ni de retaliaciones personales. De lo que se trata es de matizar la figura del genio poniendo su obra en contexto. ¿Hacer una película magistral como Match Point debe hacernos olvidar que su director tuvo relaciones sexuales con su hijastra siendo ella menor de edad? Hace unos días hice una pregunta a un colectivo futbolero conformado por mujeres: ¿Ganar una Copa Mundial debe borrar el debate sobre las agresiones cometidas contra unas mujeres?
Vuelvo a la multiplicidad. Nadie debe decirle a los demás a quién idolatrar y a quién no. Lo que no se debe soslayar, creo yo, es debatir públicamente al mismo tiempo que se reverencia a los héroes muertos. Cerrar la posibilidad de interpelar a los héroes es construir una historia única, es pararse sobre una supuesta verdad revelada, y eso sí que es nefasto para una sociedad. "La diferencia es el alfa y el omega", decía Tarde, y si defendemos esa multiplicidad universal entonces interpelar a los ídolos es tan válido como reverenciarlos. Lo que debemos hacer con nuestros ídolos es ponerlos entre paréntesis, matizarlos y después, sí, dejar que nuestras emociones y nuestra moral los conduzcan al perdón o al olvido. Anteayer le tocó a Richard, ayer le tocó a Sid, hoy le toca a Maradona, mañana le tocará a Woody.
Textos citados
Dederer, Claire (2018). "¿Qué hacer con el arte de hombres monstruosos?", El País, 9 de enero de 2018. Obtenido en https://elpais.com/cultura/2018/01/08/actualidad/1515416335_689166.html
Tarde, Gabriel (2006). Monadología y sociología. Buenos Aires: Cactus.
Valenzuela, Eric y Vergara, Carlos (2014). "Globalización, dependencia y mercados abiertos: tensiones en la articulación de héroes y en el fútbol sudamericano actual", en Vergara, Carlos y Valenzuela, Eric (coords.). Todo es cancha: análisis y perspectivas socioculturales del fútbol latinoamericano. Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio.

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