Error es no ver en la caída una furtiva e irreversible oportunidad para levantar aquello que, generalmente, osan llamar alma o espíritu cuando realmente todos estos devenires (y otros acontecimientos no menos significativos) persisten en su inmanencia. Fortaleza se llamaría a aquella ansiedad por el levantarse (y devenir) a través de una gran potencia.
Error es persistir intransigentemente en aquello que acumula zozobra cuando se avizoran aquí, allá o acullá otras posibles sensibilidades o conocimientos, cuando se hace imprescindible conceder a la experiencia elucubraciones, prácticas y sensaciones otras. En un movimiento de auscultación se ponen en evidencia (para-sí) las huellas de una transfiguración y sus discontinuidades con lo mediato y lo inmediato; así, nuevas mediaciones se inventan y se acoplan a las necesidades del presente. Error sería resistirse a esas nuevas subjetivaciones por una inamovible defensa de los mitos asumidos.




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